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El masaje infantil es un arte muy antiguo que se ha ido transmitiendo a lo largo de los siglos. Si bien es cierto, resulta curioso que no esté más presente en nuestro día a día por la cantidad de beneficios que se obtienen de él. Sin embargo, en los países menos favorecidos se puede ver a las madres sentadas con sus bebés, dándoles un masaje todas las mañanas. En ese momento parece que sólo existen ellos dos en el mundo; se hablan, se sonríen, se miran con una profundidad prácticamente imposible de describir.

El tacto tiene una función muy especial, ¡hacernos sentir bien! Gracias a él, podemos descubrir sensaciones únicas; sensaciones que no pueden ser experimentadas si no es a través de las caricias. Además, no sale únicamente beneficiado quien lo recibe si no también quien lo está ofreciendo. El masaje se convierte en un juego de unión entre el adulto y el bebé. El vínculo afectivo se estimula y se fortalece. Todo ello logra que el tacto se transforme en una poderosa herramienta de comunicación ayudando al bebé a desarrollarse emocional, fisiológica y psicológicamente. Es realmente hermoso ver a nuestro/a hijo/a feliz, sonriéndonos, agitándose de la emoción, llenando la habitación de agradables sonidos que expresan toda la emoción que está sintiendo. Ése es el primer lenguaje no verbal del ser humano; único en su propia esencia.

Veamos, pues, qué es el masaje infantil y qué beneficios se obtienen de él:

Una pequeña reflexión… Si de adultos necesitamos sentirnos queridos, que nos abracen, que nos mimen, imaginaros un bebé que acaba de llegar a un mundo lleno de colores, ruidos, olores intensos, personas extrañas…! Seguro que en muchas ocasiones pensará: ¡Jo, con lo bien que se estaba en la tripita de mamá! Por estas y muchas otras razones, os animo a subir al increíble viaje de las sensaciones. ¡El masaje es uno de los mejores regalos que os podéis hacer!