¡HOLA A TODOS!

En esta ocasión quería dirigirme exclusivamente a vosotros para animaros a hacer masajes con vuestros bebés. Quizás penséis que mamá es la persona idónea para hacerlo ya que ella tiene ese ‘vínculo especial’ del que tanto se habla y que, por eso, es mejor quedarse al margen. ¡Pues no es así! Vosotros tenéis una dulzura única y muy especial; sería una verdadera lástima no transmitirla al bebé. El masaje no es una ciencia exacta, simplemente es un arte. No se necesita tener ninguna habilidad, sólo ganas de dar todo el amor que sentimos por nuestro bebé y ganas de compartir con él momentos únicos a través del tacto.

Además, quizás os hayáis sentido frustrados en alguna que otra ocasión por no haber sabido cómo colaborar más en determinados momentos. Durante el embarazo, sin ir más lejos, seguramente os hayáis sentido un poco desplazados al no ser, vosotros, la persona a quien le crecía la tripita.  ¡Ahora tenéis la oportunidad de aportar a vuestro/a hijo/a algo mágico! Vuestra relación se verá altamente reforzada; se creará un vínculo sólido del que obtendréis una conexión especial para toda vuestra vida. Cuando el pequeño/a vaya creciendo, será él/la quien te pida el masaje porque lo relacionará con un momento de tranquilidad, de intimidad, de complicidad; le resultará mucho más fácil contarte sus experiencias en el día a día.

Por otro lado, las obligaciones, el trabajo, el ritmo frenético actual ‘perjudica’ a la relación padre-hijo porque hace que nos olvidemos de lo importante que es dedicar tiempo a nuestro bebé; de disfrutar y jugar con él. No se puede negar que es un poco complicado si llegamos a casa muy cansados, pero debemos darnos cuenta de lo beneficioso que resulta para los dos compartir ese tiempo. No quiero decir que tengáis que obligaros a hacer el masaje todos los días, ¿eh? Simplemente, varios días a la semana estaría bien, por ejemplo. Además, uno de los beneficios que nos ofrece el masaje es que, al tener que estar relajados, con la mente totalmente liberada de preocupaciones, conseguimos desconectar de todo cuanto nos rodea. El intercambio de miradas, gestos, sonrisas hace que todo el cuerpo se cargue de energía y felicidad.