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Quizás os preguntéis: ¿si el masaje va dirigido al bebé, quién más puede salir recompensado? Pues ¡todos! Porque no hacemos el masaje PARA el bebé, si no que lo hacemos CON él; esa es la diferencia. Cuando jugamos con nuestros hijos, ¿quién se divierte? los dos, ¿verdad? El masaje es sinónimo de interacción: hacemos feliz a nuestro/a hijo/a y ellos nos hacen felices a nosotros. Por tanto, ahí vemos la importancia de querer dar el masaje: no lo podemos ‘hacer por hacer’. Debemos tener ilusión por estar con nuestro bebé, dedicarle un rato de atención, de amor y cariño. A los peques no se les escapa una y si ven que el papá, la mamá o el cuidador no están con ganas de hacer el masaje, ellos lo sabrán y no se producirá dicha interacción.

Para que veáis que no os engaño, os dejo una lista explicando los beneficios que obtendrá el adulto que participe en esta fabulosa aventura. ¡Tomad nota!

Sabías que… ¿El masaje puede ayudar a prevenir el abuso y el maltrato infantil?