bebe-y-papas1Cuando cogemos a nuestro bebé y le acariciamos, le mimamos, le besamos… estamos contribuyendo a su bienestar. El niño se siente querido y, de forma inmediata, se consigue que se liberen hormonas de la felicidad y se reduzcan las del estrés. Si esta actitud permanece en el tiempo, conseguiremos que esos beneficios perduren hasta que alcance la edad adulta.

Con el masaje, ocurre exactamente lo mismo pero a gran escala; las numerables ventajas pueden notarse desde el primer minuto: unos bebés dormirán mejor, más profundamente; otros, tendrán más apetito, demandarán más alimento; se les verá mucho más aliviados, más contentos, más receptivos… ¡Más felices!

Si se establece el masaje como una rutina más del día a día, podremos conseguir innumerables beneficios. ¿Os animáis a descubrir cuáles son? ¡Echad un ojo a la lista que viene a continuación!

  • Fortalece el sistema inmunológico

    Lo conseguimos mediante la seguridad emocional que ofrecemos al niño cuando le dedicamos el masaje. Esto ayuda a mejorar sus defensas mientras que, por otro lado, las sensaciones de agobio y estrés, disminuyen notablemente.

  • Beneficia el sistema digestivo

    Al nacer, el sistema gastrointestinal del bebé está por madurar. Con el masaje, le ayudamos en dicho proceso y, también, a regularlo. Esto se logra al realizar los movimientos específicos en la zona del vientre; ‘movilizamos’ los intestinos para facilitar la expulsión de materia. Además, se consiguen aliviar los gases y suavizar las crisis de los cólicos

  • Contribuye a desarrollar el sistema respiratorio

    Los movimientos en las zonas de pecho, hombros y espalda consiguen que los pulmones se expandan y, así, equilibrar los niveles de oxígeno. Además, ayudamos a que su respiración sea menos agitada, consiguiendo que el pequeño se relaje y se deje llevar.

  • Favorece el sistema circulatorio

    Determinados movimientos del masaje en las extremidades superiores e inferiores ayudan al retorno de la sangre al corazón mientras que otros ayudan a que ésta llegue a los extremos de manos y pies.

  • Potencia el desarrollo de su sistema neurológico

    Gracias al placer que siente el pequeño con las caricias, el tacto, las miradas, las palabras, las sonrisas del adulto se liberan hormonas del placer como, por ejemplo, las endorfinas. ¿No os ocurre que, al hacer ejercicio, os sentís mejor? Se tiene la sensación de estar liberados, más animados, con la mente más despejada… Pues a los bebés, les sucede algo parecido.

  • Sistema muscular

    Al estar rodeado de múltiples estímulos todos los días el bebé va acumulando tensiones que le provocan rigidez en determinados grupos musculares. Progresivamente, junto con las técnicas del masaje, aprenderá relajarse por sí mismo tanto a nivel físico como a nivel emocional. Adquirir esta capacidad desde pequeño es algo que le beneficiará porque le aportará un mayor equilibrio interior a lo largo de toda su vida.