Como ya sabéis, la Comunicacióncomunicación implica un intercambio de información entre dos o más personas. Para que éstas puedan entenderse entre sí, es importante que la información sea breve, clara y concisa; de esa manera, conseguiremos evitar cualquier tipo de confusión e, incluso, enfado. Por eso, el diálogo, el tono y las formas que utilicemos a la hora de interaccionar con el niño serán determinantes para obtener resultados más o menos positivos. Veamos, pues, qué podemos hacer para mejorar la comunicación en casa.

¡Coged lápiz y papel!

  • La comprensión

    Los niños, especialmente en los años iniciales, necesitan que se les expliquen muy bien las cosas porque, aunque a nosotros nos parezcan obvias, quizás a ellos no.

    Por ejemplo: Imaginemos que nuestra hija empieza a sacar papeles de los cajones sin parar y que, encima, se lo está pasando pipa porque vemos que no para de reír. Normalmente, nuestra reacción es ir corriendo hacia ella y decirla: “¡Marina! ¡Eso no se hace! ¡Estoy muy enfadada contigo!”; apartamos a la niña de los cajones y empezamos a recoger todo malhumoradamente. Por nuestra parte, creemos que hemos actuado bien. Damos por hecho que, Marina, sabe perfectamente que eso no se hace; incluso, podemos pensar que lo ha hecho a propósito. Pero, ¿y si cree que no pasa nada por sacar las cosas de los cajones porque está experimentando con el movimiento que las hojas hacen al caer? Los peques sienten curiosidad por todo y, a pesar de que a nosotros nos parezca una barbaridad tirar todo al suelo, para ellos es un aprendizaje. Además, ¿alguien le ha explicado qué es lo que ha hecho mal? Porque, ella, lo que ve es a mamá/papá muy enfadada/o, nerviosa/o porque no para de alzar la voz. En definitiva, Marina no sabe qué es lo que está pasando.

  • Dar motivos y razones

    A veces se nos olvida que los niños no tienen la misma capacidad de compresión que los adultos, por eso, nuestros mensajes deben ser cortos y adaptados a sus capacidades. Si les saturamos de información, pueden no comprender qué es lo que deben hacer. A más edad y mayor comprensión aumentaremos la cantidad de información; cuanto más pequeños, mensajes breves y específicos.

    Es mejor decir: ‘Carlos, primero ponte el pijama’; una vez que lo haya hecho, le diremos: ‘¡Muy bien! Ahora lleva la ropita sucia a su sitio, por favor.’ (etc) que no: ‘Carlos, ponte el pijama, recoge toda la ropa del baño y llévala a su sitio’.

  • Normas

    Debemos vigilar cómo formulamos las normas. Sólo por el simple hecho de decirlas de una manera u otra influiremos en la actitud del niño/a; en su manera de actuar. Por esa razón, y para que los peques se desarrollen positivamente, necesitan saber las consecuencias que tendrán sus actos.

    Por ejemplo: ‘Es importante no dejar cosas por el suelo porque, de lo contrario, alguien puede pisarlo y caerse. ¿A que cuando nos caemos nos hacemos daño y no nos gusta? Entonces, para que no pase nada, será mejor dejarlo todo en su sitio’.

  • Lenguaje positivo

    Es importante cambiar nuestro lenguaje y enfocarlo de una manera positiva; esto les ayudará a acatar mucho mejor las normas ya que, al no aparecer la negación, no se les induce qué es lo que no deben hacer sino lo que deben hacer. No debemos eliminar drásticamente la palabra ‘no’ de nuestro vocabulario porque los niños tienen que aprender que no siempre podrán conseguir todo cuanto quieran (ya sabéis, la frustración, en su justa medida, es esencial); es, más bien, un mensaje para que sepan qué es lo que esperamos de ellos.

    Fijaros en la diferencia:

    a) ‘Si no recoges los juguetes, tendremos que dejar el parque para otro día…’.

    b) ‘¿Qué tal si recoges los juguetes y bajamos al parque?’.

  • El tono

    El tono que utilizaremos con nuestros hijos/alumnos será suave pero firme al mismo tiempo. ¿Qué quiere decir? Un tono que muestre seguridad pero sin ser agresivo. No hace falta gritar para que nos hagan caso; eso solo crea más tensión, miedo e inseguridad en el niño; además de provocar daños en la relación familiar. Por tanto, si se le debe decir una o dos veces que recoja los juguetes, lo diremos con tranquilidad pero con confianza; el peque necesita captar que no hay otra opción posible. Siempre lo haremos desde el amor y el cariño porque son la clave de una educación sana.

  • El contacto visual

    Cuando queramos comunicar algo a nuestro/a hijo/a intentaremos hacer que nos mire poniéndonos a su altura (nos agacharemos) ya que eso hará que no se sienta inferior; se sentirá tratado de igual a igual. Esto lo haremos para asegurarnos de que nos está escuchando puesto que, de pequeños, la capacidad para mantener la atención es bastante reducida. De este modo, evitaremos cualquier distracción. Si queremos hablarle de algún tema delicado podemos usar también el contacto físico (tocarle el hombro, por ejemplo) o si, por el contrario, está enfadado y necesitamos que nos escuche para que nuestra norma se haga más efectiva, le podremos levantar la barbilla para mantener el contacto visual.

¡La comunicación verbal y no verbal son igual de importantes!