La educación de hoy… apaga. Apaga la curiosidad de los niños. Apaga sus ilusiones, sus expectativas, sus capacidades. Ya desde infantil, sus alas empiezan a verse comprometidas por tener que estar sentados largos ratos haciendo fichas, pegando pegatinas en hojas sin saber porqué y haciendo manualidades (elaboradas, más bien, por el mismo maestro) para dejar a los padres maravillados con las obras de arte de sus pequeños. Son palabras difíciles de leer pero no son pocos los centros educativos infantiles que optan por esta dinámica. Ya veis, parece que las cosas empiezan a hacerse «mal» desde los primeros años de vida; los más valiosos para el ser humano.

Nos empeñamos en ir en contra de nuestra propia naturaleza. Los niños nacen con el instinto de averiguar, descubrir, maravillarse… Y en vez de potenciar todas esas capacidades innatas preferimos dirigirles hacia otro camino; un camino lleno de censuras, exigencias y generalizaciones sin sentido. Nos creemos libres pero en realidad no lo somos. Ni nosotros ni las nuevas generaciones. Por eso, es necesario que se produzca un cambio radical educativo y reconducir el trayecto hacia un crecimiento personal e intelectual. Una educación que potencie las habilidades que poseemos (muchas de ellas ocultas al no haber tenido oportunidades para descubrirlas).

La educación es el encendido de una llama, no el llenado de un recipiente. Sócrates

Y es que toda etapa tiene sus momentos y no las respetamos. La progresión es parte de nosotros al igual que lo es nuestro crecimiento; nunca dejamos de aprender. El error está en la idea que tenemos acerca del término de educación. Éste no solo abarca el colegio, las notas, los libros y el estudio sino, también, los valores morales y éticos existentes dentro y fuera del entorno escolar. La familia educa. La sociedad educa. Todo lo que nos rodea, lo que vemos, lo que oímos, sentimos y vivimos nos va perfilando. Y, aún sabiéndolo, nos limitamos a las imposiciones del «sistema». Cuando llegamos a la edad adulta tenemos la idea establecida de tener que trabajar para vivir cuando es al revés. Por eso, desde bien pequeños quieren que continuemos con lo establecido; para que nos quede claro que la resignación es la mejor manera para sobrevivir.

Estamos en un momento de transición. Aprovechemos el momento. Trabajemos para conseguir una educación basada en QUERER (Y SENTIR) ayudar a los demás; en ACEPTAR las diferencias para hacer desaparecer el poder sobre otros; en potenciar el trabajo en EQUIPO; en priorizar la EMPATÍA y la BONDAD. En definitiva, una educación que encienda e impulse la llama del verdadero sentido del ser humano: hacer el bien y dejar una hermosa huella durante nuestra fugaz existencia en la tierra.

Te invito a que veas este pequeño vídeo de Charles Chaplin en la película «El gran dictador».